Unidad y oposiciones de la revuelta en Chile: Partidos Políticos, Sociedad y Anarquismo

“(…) Debemos estar siempre con el pueblo y cuando no consigamos hacerle pretender mucho, procurar que por lo menos pretenda algo, y debemos esfor­zarnos para que aprenda, poco o mucho, lo que quiera, a conquistarlo por sí mismo y a que luche contra el que está en el gobierno o quiera ser gobierno”

Errico Malatesta1

I. UNA PROTESTA REVUELTA

El estallido social de octubre fue gigantesco. Abarcó a gran parte de la población. Ajeno a la dirección de los partidos políticos, este movimiento sobrepasó los márgenes restringidos que habían regido las protestas anteriores, deviniendo en una furiosa violencia que arrasó con supermercados, estaciones de metro, micros, canales de televisión, farmacias y bancos. Lo que parece una actuación cie­ga denota causas menos evidentes que hunden sus raíces en la desigualdad estructural. La gente se des­quitó con lo que representaba poder, con los símbo­los del sistema económico que endeuda y empobrece, contra los grupos coludidos y sus bienes materiales. Estas promisorias muestras de malestar social con­vivieron, los primeros días de manifestaciones, con modalidades más ciudadanistas que, en forma de ca­cerolazos, buscaban resaltar lo pacífico como valor.

De este modo, ha sido innegable la presencia trans­versal de la sociedad en las protestas que han po­blado la región chilena durante estos agitados días, cada unx de lxs asistentes con sus propios intereses y motivaciones políticas. Esta generalidad ha respondi­do a la diversidad de causas que se enarbolan para la movilización, que, en consecuencia, han derivado en una multitud de expresiones. Partiendo del rechazo al aumento de $30 del pasaje del metro en hora punta, pronto la revuelta se expandió a otras regiones que contribuyeron con sus propias demandas. La convi­vencia de intereses múltiples, en forma de descon­tento popular, tuvo su mayor expresión durante la marcha del 25 de octubre, que reunió a casi un millón y medio de personas en Santiago, y a otras miles en el resto de las regiones.

La masividad y generalización del conflicto corres­ponden a un punto sumamente valorable. Ningún grupo o partido político ha podido imponer su propia agenda. Pero este aspecto, que cumple un rol funda­mental en la actual agitación social, al poco tiempo muestra sus limitaciones, enunciando, en algunos ca­sos, sus lamentables consecuencias.

Así, a pesar de las anónimas A en un círculo que han proliferado en las murallas, las motivaciones de la ge­neralidad de la población se encuentran mucho más cercanas a las necesidades particulares de sus propios contextos, que, en la mayoría de los casos, se mantie­nen ajenas a un proyecto político determinado.

La transversalidad de la protesta nos presenta desa­fíos sobre la acción anarquista, principalmente, res­pecto a las coordinaciones y oposiciones con las otras individualidades movilizadas, poniendo en cuestión, además, lo que se entiende por política y lo político. Para discutir este punto, utilizaré algunos ejemplos históricos posibles de comparar con las recientes ex­presiones de descontento en Chile, considerando sus características generales. Esta tarea conlleva la in­negable dificultad de intentar delinear el devenir de sucesos que aún se encuentran en ebullición, y, por lo tanto, cargados de posibilidades impredecibles

II. RECUPERAR LA POLÍTICA CONTRA LOS PARTI­DOS Y EL ESTADO

La memoria colectiva que aflora en las manifestacio­nes parece indicarnos ciertos puntos de encuentros que convocan a la población en general por medio de símbolos de cohesión. De forma espontánea la gente entona “el pueblo unido, jamás será vencido”. En los primeros días, las banderas chilenas sobrepasaron por mucho los escasos lienzos desplegados por partidos y organizaciones políticas. Canciones como “El baile de los que sobran” (Los Prisioneros) y “El derecho de vivir en paz” (Víctor Jara) se han multiplicado por diversos medios: entonados colectivamente, en frases en las murallas o en carteles que desfilan en las calles. Estas referencias de unidad se encuentran arraigadas profundamente en la cultura popular, entendida en su amplio sentido, presentándose desconectadas de las experiencias políticas de sus intérpretes y contextos. Al contrario, parece prevalecer el mensaje, difundido en algunas pancartas, de que esta movilización no es “ni de izquierda, ni de derecha”.

Esta proclama por la convergencia “independiente” surge del evidente desprestigio de los partidos políti­cos. Una reciente encuesta sobre la confianza en las instituciones en Chile posicionó a los partidos como los peores evaluados2. Durante el proceso de reficha­je implementando el año pasado, 615 mil personas decidieron dejar su militancia, eligiendo no firmar nuevamente por los partidos en los que estaban pre­viamente inscritos3. Respecto a la participación elec­toral, la última elección presidencial mostró que solo un 47% de la población habilitada para votar ejerció esta facultad, y de este número, la mayor abstención se registró entre lxs jóvenes4. Las causas para este rechazo son de diverso tipo: la baja identificación de las personas con algún sector político determinado (izquierda, centro o derecha), el distanciamiento de los partidos transformados en una casta política ajena a las necesidades de la población5, los desincentivos y obstáculos para la participación, los continuos casos de corrupción en los que se han visto involucrados sus representantes6, entre muchas otras.

Estos antecedentes permiten comprobar que, a pesar de los intentos del gobierno por culpar a grupos po­líticos organizados-nacionales7 o extranjeros8, este movimiento se ha caracterizado por su independencia política y espontaneidad, expresada en la ausencia de una vocería o liderazgo determinado. Además, se ha manifestado una clara esencia antipartidista, ya que “quienes tienen el poder en términos institucionales (porque lo ganaron en las urnas) se han vaciado de legitimidad social”9. Es decir, es el ocaso de la repre­sentación política institucional. Por esta razón, es in­creíble el desparpajo de algunos personeros políticos que han pretendido asumir la dirección de un movi­miento que no iniciaron y del que no se han hecho parte, subiéndose al carro de la victoria, dando por zanjado-de forma unilateral- el “tiempo de protes­tas”, para iniciar el correcto encausamiento de estas demandas a través de los mecanismos institucionales10. La reunión del gobierno con las directivas de los partidos políticos-menos el PC, PS y algunas indi­vidualidades del Frente Amplio-, fue evaluada como una instancia de “dialogo transversal” para avanzar en “en la normalización del país” (¡!)11. La televisión y la radio han sido particularmente obsecuentes con esta situación, dotando de difusión pública a políticos que, no solo no han sido legitimados por las personas movilizadas, sino que, sobre todo, se encuentran per­sonalmente cuestionados12.

El anarquismo se ha opuesto históricamente a los partidos políticos. Luchando por la destrucción del Estado, debido a que rechaza la concentración del poder, niega la democracia representativa y el par­lamentarismo porque considera “que toda delegación del poder por parte del pueblo lleva infaliblemente a la constitución de un poder separado y dirigido contra el pueblo”13. En esto “coincidieron, durante un tiempo, con los bolcheviques y los marxistas revolucionarios”, quienes proponían como alternativa “la dictadura del proletariado” mediante la insurrección popular14.

La unidad en el antiparlamentarismo mostró los pri­meros signos de resquebrajamiento en la Primera In­ternacional de Trabajadores, donde se enfrentaron bakuninistas y marxistas, producto de la resolución establecida por estos últimos en el Congreso de La Haya, en 1872, donde se determinó que el “gran deber del proletariado” era la “conquista del poder políti­co”, instando a la formación de un partido propio de lxs trabajadorxs15. Lxs anarquistas consideraron esta decisión una distracción de las fuerzas obreras y una concesión respecto al objetivo final de acabar con el Estado. Además de criticar su estructura jerárquica, declararon que “la destrucción de todo poder político es el primer deber del proletariado; que toda orga­nización de un poder político pretendido provisional y revolucionario no puede ser más que un engaño y sería tan peligroso para el proletariado como todos los gobiernos que existen hoy”16.

Si bien el anarquismo se ha opuesto enérgicamente a los partidos políticos, reconoce la importancia de que las personas defiendan ideas políticas propias y de forma autónoma. Daniel Guérin ha señalado que el anarquismo no reprueba “‘la política’ en general sino, solamente, la política burguesa”17. Esto no implica que toda la población se vuelva anarquista, ya que “no pretendemos poseer la verdad absoluta” y “no quere­mos imponer nada a nadie”18, sino compartir ideas bá­sicas de lucha, como la solidaridad, la horizontalidad, la acción directa, y, sobre todo, repudio a cualquier pacto con partidos políticos y el Estado.

Ahora bien, es necesario no confundir la postura an­tipartidista con una posición apolítica. Esta diferen­cia es fundamental. Al reconocer a la sociedad como una realidad natural, se asume que su organización y desenvolvimiento se encuentran surcados por diversas relaciones de poder, en cuanto se promueven proyec­tos que buscan volverse hegemónicos. En otras pa­labras, el anarquismo “sabe que la actividad de cada unx influye, de manera directa o indirecta, sobre la vida de todxs, y reconoce por ello la gran ley de soli­daridad que domina tanto en la sociedad como en la naturaleza”19. Esta situación es aún más manifiesta en estas circunstancias de conflicto, dónde cada indivi­dux y agrupación vislumbra un horizonte particular.

En general, la política, independiente de quienes ads­criban o no a una ideología o partido, se basa en la conservación o subversión del orden existente20. Así, quienes tanto se empeñan en proclamarse “apolíticos” y sospechan de las “ideologías”, suelen defender, en el fondo, ideas difusas de tipo capitalistas, patriarcales, tradicionalistas e incluso fascistas, que se refugian en la ilusión idílica de un pasado ordenado, sustentado en el respeto a la autoridad.

De este modo, la configuración de un pensamiento y actuar político autónomo se desarrolla paralelamente a la recuperación de esta facultad, privatizada por “los políticos profesionales”, quienes por mucho tiempo han instaurado el mantra de que la política solo la hacen los partidos y que solo se expresa en el espacio público21.

Frente a lo señalado, es innegable la politización de­rivada de las actuales movilizaciones, que han llevado a un gran número de personas a involucrarse por pri­mera vez en algún tipo de protesta, a través de mar­chas, cacerolazos o en concentraciones. Igualmente, se han expandido los espacios de debate, abarcando desde el transporte público, lugares de trabajo, hasta familias donde por mucho tiempo se había instaurado un tácito silencio reminiscente de la dictadura. Estas posturas políticas se han expresado principalmente en el rechazo a la actual administración, el repudio al actuar de carabineros y militares, y la solidaridad con lxs afectadxs por la acción represiva. Reconocer estas ideas políticas, que permiten articular las luchas sociales, es fundamental para evitar la división e ins­titucionalización de las demandas.

III. ACCIÓN DIRECTA Y ANTIPARTIDISMO PARA UN MUNDO NUEVO

Frente a los problemas señalados, solicitar una mejor gestión por parte del gobierno o los partidos políticos a la actual crisis parece un despropósito, en cuanto han demostrado, no solo su responsabilidad directa en el actual malestar, sino, sobre todo, obstaculizar las posibilidades de un real cambio social. Las negociacio­nes para el cambio de Constitución han confirmado el ensimismamiento de la clase política, quienes han procurado reinstaurar su poder mediante mecanismos de amarres que aseguran su dominio sobre este pro­ceso.

Pero, aun considerando que no es posible una salida institucional a la actual crisis, dirigida y definida por la clase política tradicional y bajo los mismos preceptos de participación, los medios de comunicación, analis­tas y la clase política en coro, han remarcado que la ausencia de liderazgo o representación, que identifi­can como ausencia de proyectos políticos, podría de­rivar en la aparición de figuras populistas. Pronostican que la crisis política que se expresa en el rechazo a los partidos y la institucionalidad llevaría a “benefi­ciar a liderazgos populistas y de tinte autoritario de cara a las próximas elecciones” . Así, se insinúa que la única alternativa es el encausamiento institucional, la “normalidad” o la barbarie del populismo . Con esto, se evidencia el temor a las organizaciones horizontales surgidas de la espontaneidad de la lucha, pues es un atentado directo a sus tradiciones de privilegios. Al respecto, Bakunin planteó, hace algún tiempo que:

“Cualquier teoría lógica y clara del Estado está basa­da fundamentalmente en el principio de autoridad, es decir, la idea eminentemente teológica, metafísica y política, de que las masas, siempre incapaces de go­bernarse, deben en todo momento someterse al yugo beneficioso de una sabiduría y de una justicia que les son impuestas, de una manera o de otra, desde arriba. ¿Impuestas en nombre de qué y en nombre de quién? La autoridad que es reconocida y respetada por la masa, sólo puede provenir de tres fuentes: la fuerza, la religión o la acción de una inteligencia superior”.

Aun así, es necesario tener presente los ejemplos da­dos por la historia, donde, a pesar de la acción de movimientos críticos con los partidos políticos, esto no ha redundado en el desarrollo de nuevas formas de organización basadas en la autonomía, la horizon­talidad y la participación directa. En el caso de Brasil y Argentina, las protestas contra la corrupción de los gobiernos “progresistas” han derivado, efectivamente, en la instauración de administraciones autoritarias de derecha. De esta forma, el rechazo a la política tra­dicional y a sus representantes no ha sido suficiente para avanzar hacia un horizonte más libre e igualitario, ya que es necesario acabar con los fundamentos de la estructura política: la representatividad, la jerarquía, y la noción de la exclusividad de la actividad política que genera castas acomodadas. Debemos abocarnos a considerar a todas las personas y todos los espacios como instancias políticas, capaces de contribuir en su desenvolvimiento diario, privado y público, con trans­formaciones radicales de la sociedad. Una propuesta nada original, pues ha sido debatida y promovida por el anarquismo desde hace casi 150 años, conceptuali­zada como acción directa.

Durante el Primer Congreso de la Internacional de Trabajadores, celebrado en Londres el 28 de septiem­bre de 1864, se enunció el espíritu de independencia que forjaría la apuesta por la acción directa y el recha­zo a la delegación. El texto leído en esa ocasión incluía como primer “considerando” la frase “la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”, que sintetizó el anhelo de revolución nacido desde las fuerzas mismas del pueblo organizado.

A pesar de esta proclama, al poco tiempo, desde sec­tores cercanos al marxismo se comenzó a promover la organización de partidos políticos obreros, que se transformaran en la voz de lxs sin voz, y que, a través de leyes y reformas, contribuirían a mejorar la condi­ción de la población más pobre. La revolución rusa fue una prueba de fuego para lxs defensorxs de esta idea, pues permitió al partido bolchevique, posteriormente partido comunista, alcanzar el control total del Esta­do, dotándole del poder institucional para, finalmente, instaurar la dictadura del proletariado. Frente a este contexto, Volin, anarquista que se encontraba inmer­so en el proceso revolucionario ruso, concluyó:

“La idea fundamental del anarquismo es simple: nin­gún partido, ningún grupo político o ideológico que se coloque por encima o fuera de las masas labo­riosas para “gobernarlas” o “guiarlas”, logrará jamás emanciparlas, aun cuando lo desee sinceramente. La emancipación efectiva sólo se concretará mediante la actividad directa […] de lxs interesadxs, de lxs pro­pixs trabajadorxs, unidxs, no ya bajo la bandera de un partido político o de una agrupación ideológica, sino en sus propias organizaciones (sindicatos de produc­ción, comités de fábrica, cooperativas, etc.), sobre la base de una acción concreta y la ‘autoadministración’, ayudadxs, pero no gobernadxs, por lxs revolucionarixs que obran desde dentro de la masa, no por encima de ella […]. La idea anarquista y la verdadera revolu­ción emancipadora no podrían ser realizadas por lxs anarquistas como tales, sino únicamente por las gran­des masas […], pues lxs anarquistas o, mejor dicho, lxs revolucionarixs en general sólo están llamados a esclarecer y ayudar al pueblo en ciertos casos. Si lxs anarquistas se creyeran capaces de cumplir la revolu­ción social ‘guiando’ a las masas, tal pretensión sería ilusoria, como lo fue la de los bolcheviques por las mismas razones”.

Por lo tanto, la única alternativa de transformación estructural recae en la población organizada de forma independiente, bajo lógicas de participación directa que nieguen mecanismos de delegación o instituciona­lización. Al respecto, algunas individualidades y agru­paciones anarquistas se han sumado a las marchas y actividades barriales, conviviendo en instancias de convergencia transversal. Esta es una situación muy valorable, principalmente para el intercambio de ideas y la posibilidad de ampliar los espacios de organiza­ción. Existen diversos puntos de coincidencia entre el anarquismo y las actuales protestas que contribuyen al trabajo conjunto, tales como la independencia par­tidaria, el repudio a las instituciones armadas como carabineros y militares, la confluencia espontánea en las protestas, la solidaridad con lxs detenidxs y afec­tadxs por la represión, y algunos objetivos señalados ampliamente (no más AFP, causas medioambientales, etc.).

De acuerdo a Voltairine de Cleyre, la acción directa no correspondería solo a un modo de pensar la participa­ción, sino también a un principio para la confluencia, ya que generaría unidad, a partir de que:

“cada persona que alguna vez haya planeado hacer alguna cosa, y fue y la hizo, o que haya presentado un plan a los demás y ganado su cooperación para hacerla con ellxs, sin tener que dirigirse a autorida­des exteriores a pedirles que por favor la hicieran por ellxs, ha si practicante de la acción directa. Todos los experimentos cooperativos son esencialmente, acción directa.

Toda persona que alguna vez haya tenido que resolver una diferencia con otra persona, y que se haya dirigi­do directamente a la otra u otras personas involucra­das para resolverla, ya sea de manera pacífica u otra, (es) un practicante de la acción directa”.

Así, la acción directa es el rechazo a la delegación, pero además el germen para nuevas prácticas organi­zativas. Sin embargo, su ejercicio no es espontáneo ni natural, pues nos encontramos habituadxs a la repre­sentación y a la centralización que genera nuevos lide­razgos y jerarquías. Esta situación se vincula, además, con la división de tareas que, muchas veces, logran institucionalizarse, originando personas que “guían” y personas que “siguen”. Frente a esta tendencia, dos propuestas anarquistas ayudar a complementar la propuesta de la acción directa, constituyéndose en mecanismos para su implementación.

Por un lado, la educación integral apunta a combatir la división del trabajo, cuya aplicación, basada en la especialización, constituye una presencia invisible que nutre la representatividad y la delegación. Frente a esto, “la idea de educación integral nace de la idea ilustrada (…) de la igualdad de oportunidades que cada ser humano tiene respecto a lxs demás, y del de­recho a desarrollar la forma más completa todas sus facultades físicas e intelectuales” . En consecuencia, se crítica la idea de capacidad derivada de la educa­ción, ya que el planteamiento de la educación integral se funda en la premisa que todxs deben hacerse cargo de trabajar por el bien común, sin fragmentaciones justificadas en la idoneidad para alguna función es­pecífica. Bakunin resumió esto al decir: “nuestra res­puesta es sencilla: todxs deben trabajar y todxs deben ser instruidxs” . Así, en las asambleas territoriales, en cabildos, o cualquier otra instancia de organización, se aspira a que cargos funcionales- y no de poder- como vocerías, actas, propaganda, agitación, etc., puedan ser ejercidos por todxs en algún momento, promoviendo con esto la rotación y la responsabilidad comunitaria. En este sentido, el actual contexto de movilización nos insta a informarnos de forma respon­sable para acabar con el monopolio del saber que, en determinados casos, deviene en división de funciones en la sociedad. Asimismo, se hace necesario poner en orden estos pensamientos y difundirlos por diversos medios, por escrito o en conversaciones informales, en asamblea, conversatorios o asambleas, no solo por el enriquecimiento que genera el intercambio de pa­receres, sino para develar el valor de cada reflexión individual o grupal, nacida al calor de la lucha y puesta al servicio de la transformación social.

Por otra parte, con el objetivo de evitar que las or­ganizaciones sociales surgidas en barrios y caracteri­zadas por su transversalidad, tales como Cabildos o Asambleas territoriales, se conviertan en espacios de la acción proselitista de determinado grupo político con fines electorales, o que deriven en jerarquizacio­nes propias de los partidos políticos, se plantea el federalismo: “una organización social basada en el li­bre acuerdo” y en la horizontalidad. La posibilidad de realizar amplias coordinaciones con otras instancias de organización, que compartan principios, objetivos y luchas comunes, se presenta en oposición “al prin­cipio estatal, que se realiza desde arriba hacia abajo”, y busca que sean lxs mismxs involucradxs en estas orgánicas quienes decidan “todos los aspectos de la vida social, de la administración, de la sanidad, de la educación, de la cultura, etc. Y desde este punto de vista sustituye a toda autoridad política” . Por lo tanto, el federalismo busca formas de ampliar la apli­cación de la acción directa, por medio del ejercicio constante de reflexión y deliberación respecto a todo ámbito social, dentro de una organización transversal que convoque a una amplia diversidad de personas. En este sentido, se niega que exista algún tema de­terminado que deba ser tratado exclusivamente por “especialistas”, ya que reconoce en todxs la capaci­dad de afrontar un problema que atañe a la sociedad en general.

Ricardo Mella sintetizó la conjunción de los elemen­tos discutidos al señalar:

“El anarquismo no es más que esto; arreglo de to­dos los asuntos por medio de pactos libres. Nada de deliberaciones y decretos de la multitud. Nada de abdicaciones ni de representantes privilegiados, investidos de facultades legislativas. Que el pueblo proceda por sí mismo a la organización de la vida social. Que cada uno ponga manos a la obra, juntán­dose con aquellos que persigan idénticos fines. Que las asociaciones libremente formadas, libremente se concierten para la común empresa. La organización futura, la organización anarquista, no será un produc­to forzado de un plan preconcebido, sino una resul­tante de los acuerdos parciales de los individuos y de los grupos, según las circunstancias y la capacidad del pueblo en el momento”.

Escrito por Francisco Acaso C.

Publicado en revista Rebeldías n° 5, otoño 2020.

NOTAS:

  1. Socialismo y anarquía, Ayuso, Madrid, 1975.
  2. www.cnnchile.com “Estudio sobre instituciones: Chilenos con­fían especialmente en los Bomberos y partidos políticos son los peores evaluados”, 04-11-2019.
  3. www.latercera.com “Evópoli en Puente Alto, RD la lleva en Las Condes, la DC en Rapanui: la realidad paralela de los partidos según su padrón”, 27-07-2018.
  4. www.lanacion.com.ar “Chile: la protesta frente a una política que funciona en modo analógico”, 25-10-2019.
  5. En el debate sobre las rebajas al sueldo de los parlamentarios, que considerando las asignaciones que se le otorgan alcanza los 20 millones de pesos o 33 veces el sueldo mínimo, ha quedado claro esta diferencia social, explicitada por los propios involucra­dos, en múltiples enervantes declaraciones. www.elperiscopio. cl “Mónica Pérez se llenó de comentarios negativos por frase a favor de la dieta parlamentaria”, 23-10-2019; www.eldinamo.cl “Jacqueline van Rysselberghe se niega a rebajar dieta parlamen­taria: “esta autoflagelación de que no nos merecemos el sueldo no hace bien”, 2-6-2019; www.t13.cl “Diputado por sueldo de parlamentarios: respecto a los verdaderos millonarios somos casi indigentes”, 8-10-2019.
  6. A continuación, solo algunos ejemplos de los muchos casos de corrupción política en Chile: www.ciperchile.cl “San Ramón: caí­da de concejal PS por corrupción abre la puerta a destitución de alcalde Aguilera”, 8-11-2019; www.telesurtv.net “Piden renuncia de subsecretaria chilena por corrupción”, 4-11-2019; www.radio. uchile.cl “Ley de Pesca: Senadora Van Rysselberghe e citada a declarar como imputada”, 15-03-2019.
  7. www.t13.cl “Gobierno afirma que narcotraficantes y barras bravas ‘están aprovechando’ violencia en las calles”, 22-11-2019.
  8. www.elmostrador.cl “Piñera a la prensa internacional: he reci­bido mucha información sobre intervención de gobiernos extran­jeros”, 10-11-2019; www.cnnchile.com “Karla Rubilar aseguró que narcotráfico y barras bravas estarían financiando la violen­cia”, 22-11-2019.
  9. www.chiperchile.cl “La implosión de la política y la fala de le­gitimidad social”, Juan Pablo Luna, 11-11-2019.
  10. www.elmostrador.cl “Más de un millón 200 mil personas en Santiago y otras miles en regiones dieron la señal política más potente desde el NO”, 25-10-2019; www.latercera.com “Presi­dente Piñera sobre histórica marcha: abre grandes caminos de futuro y esperanza. Todos hemos escuchado el mensaje”, 25-10- 2019; www.biobiochile.cl “Lily Pérez y petición de Allamand a terminar marchas: la gente tiene derecho a seguir protestando”, 8-11-2019.
  11. www.duna.cl “Andrés Chadwick tras reunión con los partidos: queremos que se pueda traducir en un avance a la normalización el país”, 22-10-2019.
  12. www.ciperchile.cl “Prensa política: la cámara de eco de las elites”, 29-10-2019.
  13. Ángel Cappelletti, La ideología anarquista, Idea Ediciones, re­gión chilena 2016, 22
  14. Cappelletti, La ideología, 22.
  15. Víctor García, La Internacional Obrera, 78.
  16. Reproducido en Nettlau, La Anarquía, 113-114.
  17. Daniel Guérin, El anarquismo, 46.
  18. Vernom Richards (compilador), Malatesta. Pensamiento y ac­ción revolucionarios, Tupac Ediciones, 2007, 22-23.
  19. Richards, Malatesta, 24.
  20. No toda subversión del orden aspira a objetivos liberadores, pues el fascismo se considera contrario al actual estado de cosas, pretendiendo instaurar un régimen político despótico.
  21. Planteamientos feministas han cuestionado profundamente esta división entre el espacio público y privado, denunciando la inconsecuencia de muchos discursos públicos que no se condicen con sus relaciones con otrxs.
  22. www.t13.cl “Congreso o asamblea constituyente: en qué con­siste cada mecanismo para crear una nueva Constitución”, 11- 11-2019; www.latercera.com “Constitución: Chile Vamos cierra la puerta a cambios del texto de la mesa técnica”, 8-12-2019.
  23. www.ciperchile.cl “Populismo en tiempos alienígenas”, 9-11- 2019.
  24. www.latercera.cl “¿Cómo contará la historia de Chile en 30 años?: 12 respuestas (Parte I)”, 25-10-2019.
  25. Mijail Bakunin, 1977, Obras, Vol. III., 146.
  26. Citado en Víctor García, La Internacional Obrera, Idea Edi­ciones, 21.
  27. Citado en Guérin, El anarquismo, 65-66.
  28. Voltairine de Cleyre, Acción Directa.
  29. Cuevas, Francisco, La propuesta sociopolítica de la educación libertaria, Edición en Línea, 4.
  30. Publicado originalmente en el periódico L’Egalité, Ginebra, 7 de agosto de 1869.
  31. Cappelletti, La ideología, 36.
  32. Ricardo Mella, 1938, 120.

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