El periódico anarcosindicalista y naturista libertario Vida Nueva en Osorno (1934-1942)

El periódico anarcosindicalista y naturista libertario Vida Nueva se publicó en Chile en tres períodos y en dos ciudades diferentes. En un primer momento se editó entre los años 1934 y 1942 en la ciudad de Osorno, en el sur austral, y posteriormente entre 1946-1949 y 1964, en su segunda y tercera época, en la ciudad de Talca en el valle central. En esta oportunidad nos centraremos en su primera época.

El principal promotor de la publicación fue el anarquista Juan Segundo Montoya, el cual había nacido en el pequeño poblado de Minas Plegarias, en la región carbonífera del Golfo de Arauco en 1899. Luego de la suspensión de su militancia en las filas de la Federación Obrera de Chile (FOCh), en 1925 comenzó a participar en las filas de la IWW en la ciudad de Concepción producto de lo cual sufrió la represión durante la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo siendo relegado al campo de concentración en la Isla de Más Afuera en el archipiélago de Juan Fernández.

Huyendo del terror ibañista, en 1929 se radicó en Osorno. De este modo, podemos señalar que el desarrollo orgánico del anarquismo en esta ciudad, entre 1929 y 1942, no puede entenderse disociado de este propagandista. Montoya a través de mítines y giras de propaganda, elaboración de material de difusión (periódicos y folletos) y juicios legales en contra se convirtió en la “figura más visible” de la presencia libertaria en Osorno durante la década de 1930 y comienzos de la siguiente1. Desempeñará, asimismo, un rol “clave” en la difusión del anarquismo entre campesinos e indígenas constituyéndose en un asiduo colaborador de sus sindicatos y en un diseminador de las ideas y prácticas anarquistas y anarcosindicalistas durante los años que estuvo radicado en el sur austral de Chile2. Es precisamente, en la ciudad de Osorno, donde logró dar vida a un activo núcleo de propaganda anarquista que diseminó las ideas y prácticas libertarias en la Provincia, en tensión, inclusive con sus congéneres de la capital a quienes acusó, en más de una oportunidad, de centralistas3. De igual modo, luchó en contra de los indecisos y timoratos señalando que había que predicar con el ejemplo4.

En el sur de Chile, Juan Segundo Montoya propició la creación de una de las secciones más activas de la CGT la Federación Obrera Local de Osorno (FOLO), pero no estuvo solo. En su proceso de constitución, en noviembre de 1931, participaron sindicalistas y anarquistas locales que previamente habían conformado un grupo clandestino con la finalidad de hacer propaganda en contra de Ibáñez estando aún éste en el poder. Según el relato de Montoya, en aquel grupo participó Osvaldo Solís como uno de sus más activos miembros (asesinado en 1932), y estuvo compuesto en total por 15 militantes5. Ellos serían el germen de la FOLO y de los editores del periódico Vida Nueva, el vocero de la organización.

Desde su irrupción en la escena política local, la Federación Obrera Local tuvo una presencia significativa no sólo en Osorno, sino también en las ciudades (La Unión, Valdivia y Puerto Montt) y pueblos agrícolas circundantes (San Pablo, Maipué –actual Concordia–, Forrahue, Purranque, Los Pellines, Chan Chan, Fresia, Trumao, Frutillar, etc.) lo cual le permitió aglutinar a obreros y campesinos. Los principales gremios que dieron vida a la FOLO fueron la Unión de Albañiles, Estucadores y Ayudantes, la Unión Sindical de Oficios Varios, la Unión de Obreros de Caminos y la Unión Sindical Femenina, a los cuales se fueron sumando otras organizaciones a medida que la FOLO se consolidó como un referente sindical a nivel provincial. Durante los años que Montoya vivió en la ciudad de Osorno llevó a cabo “giras” a diversas localidades con la finalidad de ampliar el radio de acción de la “Federación” destacando como uno de sus principales promotores e intelectuales.

Durante el año 1933 y comienzos del siguiente, la FOLO propició variadas actividades con el propósito de adquirir una imprenta propia a través de la venta de bonos solidarios. En el periódico La Crónica se señalaba al respecto: “El Directorio de la FOLO, recomienda a los gremios adheridos a esta colectividad gremial activen la venta de los bonos con el fin de que la imprenta sea pronto una realidad. Los trabajadores organizados y simpatizantes, deben darse cuenta que un diario editado en imprenta propia de los trabajadores, es la mejor arma a emplearpara la defensa de sus intereses”6. No obstante, y pese a los llamados de solidaridad, sólo en 1935 los miembros de la FOLO pudieron adquirir una imprenta que les permitió no sólo editar el periódico Vida Nueva, que había comenzado a publicarse en imprentas “burguesas” –como señalaron-, sino también la edición y venta de un sinnúmero de folletos y libros relacionados con el anarquismo, anarcosindicalismo, naturismo y librepensamiento que fueron distribuidos en la ciudad y en otros espacios del territorio nacional.

En la presentación del primer número de Vida Nueva, de abril de 1934, se señalaban sus principales objetivos. “En las columnas de este periódico tendrán cabida las ideas que tiendan a perfeccionar la humanidad ya sea en su aspecto fisiológico o moral. Marcharemos lejos de las ideas políticas y religiosas por considerarlas nefastas para la buena armonía de los hombres. No emplearemos la crítica mal sana, no descenderemos al terreno personalista para encausar nuestra vida periodística, porque estamos convencidos que las bajezas que empañan nuestra dignidad de hombres son taras de la civilización actual”7.

En el periódico Vida Nueva, Montoya y otros/as anarquistas escribirán de forma recurrente artículos, comentarios y notas, buscando el debate con los militantes locales de otras corrientes ideológicas. Los miembros del grupo editor son conscientes que, en tanto “artefacto cultural”, sus hojas les permiten socializar las ideas libertarias y dar cuenta de los procesos de organización que la “Federación” estaba llevando a cabo a nivel provincial, al mismo tiempo que informaban sobre los acontecimientos y discusiones del movimiento libertario nacional e internacional. De hecho, desde el estallido de la Guerra Civil en España, el 19 de julio de 1936, los miembros de la FOLO solidarizaron con el bando republicano y, en particular, con los militantes de la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y, por ende, sus preocupaciones estuvieron orientadas por el avance del fascismo, no sólo en Europa sino también en Latinoamérica y Chile, especialmente en el sur austral (Osorno, Puerto Montt, Llanquihue, Puerto Varas, Puerto Octay, etc.) donde el “nacismo” tuvo un gran desarrollo orgánico producto de la labor intelectual y política de figuras como el ingeniero agrónomo Adolfo Matthei, y de un gran porcentaje de colonos alemanes que se sentían identificados con el régimen nazi.

El periódico Vida Nueva, en lo particular, durante su existencia en la ciudad de Osorno hizo suya la causa antifascista y al igual que la FOLO, puso en práctica un complejo entramado de redes de cooperación y solidaridad con los ácratas españoles. A través de las páginas del periódico se reprodujeron comunicados de la CNT-FAI, artículos provenientes de la Península Ibérica de autoría de intelectuales libertarios de renombre internacional como Federica Montseny -o extraídos de periódicos ácratas como Tierra y Libertad y Umbral (ambos de Barcelona), Nueva España Antifascista (editado en Francia), Nosotros (de Valencia), entre otros-, así como noticias referidas al desarrollo de la guerra en España y más tarde del avance del fascismo en Europa.

De igual modo, de las revistas “Hombre de América” y “Natura”, ambas editadas en la ciudad de Buenos Aires, en Argentina, los editores de Vida Nueva extraían artículos que eran reproducidos a través de las páginas del vocero de la FOLO y constituían, en muchos casos, los fundamentos teóricos de las prácticas naturistas del propio Montoya. Para los anarquistas, la literatura, en general, y los libros, en particular, eran los mejores aliados en la lucha en contra de la ignorancia y el “oscurantismo” porque “instruían” y “retemplaban” el espíritu tanto de obreros como de campesinos, envilecidos por los vicios burgueses. Es más, en las páginas de Vida Nueva, los editores de Vida Nueva le dieron amplia acogida a aquellos artículos, notas y comentarios que buscaban desenmascarar los nocivos efectos de la ingesta de alcohol.

El periódico Vida Nueva fue, asimismo, desde 1941 el vocero de la Federación Anarquista de Chile y a través de sus páginas, sus editores comenzaron una campaña sistemática en pos del “adoctrinamiento” de los cuadros sindicales con la finalidad de combatir las “desviaciones” de “ciertos elementos” que “destacaban como dirigentes de algunos gremios” y, cuya principal característica, según los anarquistas de Osorno, era su falta de “convicciones”. De este modo, la labor de los grupos específicos, al amparo de la FACh, era dar a los cuadros sindicales de la CGT “contenido finalista y doctrinario”, en especial, en la ciudad de Santiago. Para los anarquistas del sur, dicha labor era urgente, ya que la CGT había comenzado a perder gremios, especialmente en la capital, producto de la intromisión de sindicalistas comunistas y socialistas en su interior que sólo “miraban” el “problema social” con “el estómago” y a través de “sus intereses partidistas”.

Sin duda, el periódico anarquista Vida Nueva es uno de los más importantes publicados durante el siglo XX en Chile, en tanto permitió que las ideas anarquistas fueran diseminadas y visibilizadas en el sur del país. En ese sentido, podemos señalar que Juan Segundo Montoya y sus compañeros contribuyeron en su revitalización y le dieron nuevos bríos al elaborar una “lectura” anarquista -en clave regionalista- de las problemáticas locales. Al mismo tiempo que solidarizaban con los oprimidos de otros lugares del mundo, tensionando los perimidos marcos impuestos por la nación, la clase, lo étnico y el género.

Por Eduardo Godoy Sepúlveda.

Publicado en revista Acontratiempo n° 2. Revista del Archivo Histórico La Revuelta. Primer semestre de 2020. Santiago, región chilena.

Notas:

1 Víctor Muñoz, “El anarquismo y los orígenes del movimiento sindical campesino en Osorno (1930-1940)”, en Fronteras, Vol. I, n°2, diciembre 2014, pp. 121.

2 Ibíd, p. 122.

3 Juan Segundo Montoya, ¡Defendamos las tierras de la Región Austral…!, op cit., pp. 4-6.

4 “¿Cuál fue nuestro objetivo?”, Vida Nueva, Osorno, 15 de octubre de 1934, pp. 1 y 4.

5 “Biografía de Osvaldo Solís”, Vida Nueva, Osorno, 27 de diciembre de 1934, p. 2.

6 “Vida obrera”, La Crónica, Osorno, 27 de mayo de 1933, p. 8.

7 “Vida Nueva”, Vida Nueva, Osorno, 1° quincena de abril de 1934, p. 1.

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