Reflexiones sobre la violencia y la revuelta en Minneapolis

“Renunciar a la violencia liberadora, cuando esta es la única manera
de poner fin al sufrimiento diario de las masas y a las crueles
tragedias que azotan a la humanidad, seria responsabilizarse
de los odios que se lamentan y de los males que del odio surgen.”

Errico Malatesta

La acumulación histórica de violencia que la clase dominante ha mantenido sobre la población en general, ha llevado a un punto de no retorno la tensión y las contradicciones de clases que se hacen evidentes en tiempos de crisis. “La elaboración de un discurso socialdemócrata de laboratorio no permitía que la generalidad de la población lograra descifrar los nexos más íntimos de la democracia representativa, que nunca represento a nadie, los cuales, perpetuaban las desigualdades sociales y amenazaban con extirpar la riqueza de una diversidad cultural alterna (Bartolomé 2004).”[1]

El manto que cubría las miserias de la socialdemocracia por fin se está cayendo, develando la verdadera cara del capitalismo, que deja a la vista el hambre, la violencia y  las desigualdades sociales a las cuales hemos sido acorralado lxs oprimidxs obligándonos a aceptar un sistema que solo se ha encargado de administrar nuestra miseria.

La efectividad con la que ha funcionado el poder durante estas últimas décadas, mediante las instituciones como la escuela, la cárcel y la familia, han permitido la expansión de determinadas formas de relación, logrando establecer y manipular el comportamiento del “otro” mediante una lógica de poder instituida, promoviendo una influencia dañina en todo el cuerpo social.

Parafraseando a Foucault “El comportamiento de uno puede ser determinado de acuerdo a estrategias y usando un sin número de tácticas.” Lo que permite la gobernabilidad de los individuos, es decir, las relaciones de poder ejercidas, concretando la dominación del “otro”.

El problema de lxs oprimidxs radica en las condiciones de gobernabilidad a las cuales hemos sido sometidos, mediante la implementación de condiciones económico y de vigilancia que tratan de ocultar las relaciones de poder y dominación en el sistema político actual. La clase dominante mediante “diversas instituciones procuran embutir a todo bicho viviente la conducta del buen ciudadano… Meten a martillazos en las cabezas de los proletarios la ideología ciudadanista, corrigen <<las malas conductas>>, recetan toda clase de medicamentos y distracciones.” (Proletarios Internacionalistas 2013: 22) perpetuando así esta forma de pensamiento que nos ha mantenido en silencio durante tantos años.

Pero como bien sabemos en el territorio dominado por el Estado chileno, y como ha quedado demostrado a nivel global, las insurrecciones pueden estallar en los momentos menos esperados, como fue el 18 de octubre del 2019 y como está sucediendo en Estados Unidos con el asesinato de George Floyd en el transcurso del 2020 en medio de una pandemia que se ha propagado por todo el mundo.

Si hay algo que ha quedado de manifiesto a nivel mundial, es que la institucionalidad burguesa va caminando hacia su propio precipicio, ellxs mismos han abusado tanto de sus privilegios que ahora “Su propia sombra parece amenazarlos”. Trataran por todos los medios posibles de desprestigiar y deslegitimar la lucha de lxs oprimidxs, pero bien sabemos que el hambre, la miseria y los muertos no pueden ser ocultados bajo sus discursos políticos en los medios de comunicación. En estos últimos años la clase política ha perdido la credibilidad en todas partes donde ha estallado el conflicto social, por lo que se hace indispensable responder nosotrxs mismxs, a nuestras necesidades sin depender de partidos políticos, ni jefes, solo mediante la organización horizontal y autogestionada por lxs propixs oprimidxs lograremos resistir y generar cambios sustantivos en la realidad a la cual nos ha arrastrado el capitalismo y la burguesía.

“Cada vez que nuestras luchas rompen el cerco burgués y las canalizaciones de izquierda, cada vez que se les hace imposible controlarnos, los socialdemócratas se presentan en la primera línea de fuego enemigo.” (Proletarios Internacionalistas 2013: 10) y sin duda lo vimos en la revuelta de octubre, como también comenzamos a verlo en las protestas y la criminalización en Estados Unidos de los anarquistas y antifascistas.

Está claro que existe una realidad objetiva incuestionable en las grandes urbes donde reina el capital, y es que la “estabilidad ha muerto”, se ha prendido la mecha de la insurrección en todas partes. El germen de la revuelta que se dejó sentir en Minneapolis se expandió igual o más rápido que la pandemia del Covid19, tomando protagonismo en otras partes del mundo. Las protestas se trasladaron afuera de las embajadas de Estados Unidos recorrieron Paris, Alemania y en Grecia hubieron enfrentamientos con la policía y lanzamiento de cocteles molotov hacia la embajada.

Pero ¿Cómo se podría explicar esto? Se preguntaran muchos al ver estallar una oleada de levantamientos y protestas a nivel mundial… Sin embargo, lxs oprimidxs hemos comprendido que somos parte del mismo problema llamado capitalismo. La comunicación a tiempo real a pesar de sus consecuencias nefastas, también nos ha permitido saber y visualizar lo que sucede al otro lado del mundo, y que las miseria y penurias que se manifiestan en distintos niveles en nuestras condiciones de vida son las mismas que se viven en otros territorios. Lxs proletarixs y oprimidxs estamos siendo explotadxs por la burguesía en todos los territorios donde reina el capitalismo, parásitos que viven a costa de controlar y devorar nuestras energías, estos miserables seres viven a costa de despojarnos de nuestras vidas.

Por lo tanto, se hace indispensable la rearticulación de la realidad combativa en lxs oprimidxs volviendo a posicionarnos como agentes históricos de cambios, debemos asumir y detener esta maquinaria que está consumiendo el planeta y nuestras vidas.

Hemos logrado romper con décadas de una falsa paz social promulgada por lxs que detentan el poder, es tiempo de pasar al ataque y romper con toda clase de ideología ciudadanista y socialdemócrata, y reencantarnos con el lenguaje revolucionario que a muchos se les había olvidado y lo habían dejado entre los recuerdos llenos de polvo. “Este reencantamiento del mundo con el sujeto rebelde y con los procesos revolucionarios permite una nueva narrativa en el pensamiento político desechando la democracia burguesa y entendiendo, de facto, que otros mundos son posibles incluso en la era de la globalización y el capitalismo brutal.”[2]

De una u otra manera las revueltas que se presentan a nivel global poseen un vínculo subterráneo y una comunicación imperceptible entre sí, existe la misma inquietud y el mismo método de acción en la intensidad de la lucha callejera, que es la violencia política de lxs oprimidxs. Si hay algo que permite relacionar las insurrecciones en el mundo es el problema estructural de la violencia como un rasgo histórico al que han sido sometidos los pobres en todos los territorios.

En chile por ejemplo, hay ciertos elementos recurrentes que se repiten a lo largo de la historia en la protesta social, que son las formas de reacción que tienen los sectores populares cuando ejercen su legítimo derecho a la protesta. La violencia de los sectores populares viene a ser la expresión más radical de la protesta social y que a lo largo de la historia siempre ha acompañado los procesos de revuelta en Chile. Según Igor Goicovic “…La violencia es una construcción cultural y que por lo tanto, responde a ciertos sistemas de dominación específicos en un contexto histórico determinado. En consecuencia la violencia acompaña a todo tipo de relaciones sociales a lo largo de la historia y particularmente se expresa en aquellas relaciones donde el sistema de dominación se manifiesta como dominación de clases… por lo tanto, la violencia siempre irrumpe en un contexto de asimetría donde unos dominan y otros sufren la violencia de quienes dominan.”

Entendido esto, podemos concebir que los sistemas de dominación que han perpetuado el poder de la burguesía ejercen una violencia estructural asimétrica hacia lxs oprimidxs, que según su contexto histórico determinado van tomando distintos calificativos, ya sea, esclavos, negros, cholos, anarquistas, revolucionarios, etc. En ese sentido, el estallido de rebeldía surgido en Minneapolis no responde solo a un hecho aislado, sino que es consecuencia de la violencia sistemática a la cual han estado sometido los afrodescendientes durante siglos, como plantea Angela Davis “la gente no tiene la más mínima idea de por lo que ha pasado la gente negra, lo que la gente negra ha experimentado en este país, desde el día en que la primera persona negra fue secuestrada de las costas de África…” la violencia ejercida sobre la población negra ha sido brutal.

Por lo tanto, las reacciones que sucedieron tras el asesinato de George Floyd a manos de un policía blanco, presuntamente por utilizar un billete falso, generaron indignación en la población afroamericana, que venía acarreando una seria de situaciones nefastas. En febrero de este año (2020) el joven de 25 años Ahmaud Arbery fue asesinado cuando corría por su barrio haciendo deporte sin mediar ninguna provocación alguna a los asesinos, un ex policía blanco de 64 años Gregory Mcmichael y su hijo Travis, a los cuales no se les había presentado ningún tipo de cargos en su contra. En Marzo del mismo año la policía le dispara en la cabeza a una enfermera afrodescendiente de 26 años en su casa, Breonna Taylor es asesinada en extrañas circunstancia por la policía estando en su hogar. El 2014 en Ferguson Missourri es abatido Michael Brown un joven negro de 18 años, por los disparos de Darren Willson un agente de policía blanco. En el 2012 Trayvon Martin joven negro de 17 años, es asesinado por el vigilante George Zimmermann en Florida, el cual se encuentra absuelto de todos los cargos, y así podríamos seguir con un sinfín de nombres de mujeres y hombres afrodescendientes asesinados por la policía.

Como se mencionaba anteriormente, existe un rasgo distintivo que da una continuidad histórica en los disturbios de EE.UU. y es que la brutalidad policial hacia los negros se repite constantemente. Desde las revueltas de Rodney King, Detroit 1967, Newark, Hariemen en el 1964, Watts en 1965, todas tienen un componente común que es la violencia estructural de un sistema de dominación de clases que criminaliza a los negros, desde el periodo de la segregación racial que los afrodescendientes son relegados a ciudadanos de segunda categoría en los Estados Unidos. Si ignoramos el maltrato de los negros por la policía en el contexto actual, es una lectura miope de un proceso histórico donde durante siglos la policía y el Estado han promovido la brutalidad contra la comunidad negra. Sin ir más lejos, se estima que los afrodescendientes en EE.UU. tienen 3 veces más probabilidades de ser asesinados que un hombre blanco.

Debemos comprender que gran parte de la población blanca en Estados Unidos ha sido adoctrinada durante años para creer que los negros son los malos, cuando se ajustan estos parámetros a una población determinada se establece que hay muertos que importan más y otros que importan menos según las lógicas del poder.

Después de una historia de esclavitud, encarcelamiento, tortura y asesinatos sistemáticos durante siglos, no se puede cuestionar a la ligera que los suburbios se levanten a quemar la capital del imperio. Como decía Martin Luther King “Eso que ustedes llaman disturbios, es el único lenguaje que tienen los que nunca son escuchados…”   

La historia negra en Estados Unidos ha sido escrita con sangre, y si hoy quieren quemar el imperio que ha sido levantado mediante el asesinato de generación de afrodescendientes, está plenamente justificado por los siglos de explotación. Lo  que está sucediendo en Norteamérica “era un fuego que estaba dormido en sus brasas, que la brutalidad policías contra los negros ha vuelto a reactivar a lo largo de toda la geografía.” 

Debemos comprender definitivamente que el sistema de dominación al cual hemos sido sometidos es el problema de la población a nivel mundial. El capitalismo es el peor virus que ha tenido la humanidad.

Trataran de deslegitimarnos de todas las formas posibles, en todos los contextos de lucha que se presenten, pero la violencia revolucionaria está plenamente justificada por los siglos de explotación a los cuales nos han sometido.

No podemos ver más que belleza en aquellxs que se rebelan frente al poder, el carácter destructivo y revolucionario de lxs oprimidxs es el único lenguaje que entendemos.

Somos parte de lxs marginadxs, de lxs discriminadxs, de lxs pobres, negrxs y explotadxs, somos el/la lumpen con un poco de estudio que se dio cuenta de los siglos de miseria que el capitalismo y la estructura de dominación a sometido a lxs oprimidxs. Somos parte de esta guerra y no descansaremos hasta destruir todas las jaulas.

Procura que viva la Anarquía

Horacio Fierro

Fuente: La Peste


Notas

[1] https://lapeste.org/2020/01/que-la-revuelta-sea-permanente

[2] Ídem.

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